Advertisement
Advertisement
Advertisement
Carta de nuestro Obispo
escrito por Ramón del Hoyo   

ramondelhoyo.jpg

Queridos amigos:

El pasado mes de enero tuve la suerte de compartir unos días, en Cuba, con un grupo numeroso de sacerdotes españoles que trabajan en veinte países del continente americano. Eran algunos de nuestros misioneros. Pero no es esto de lo que quiero hablaros, sino de otro hecho que me impresionó.

Había presidido la Misa dominical en una parroquia de la Habana y al final pude hablar unos minutos con su párroco, un joven cubano de color. Me refirió que había sido bautizado de niño, pero que allí había quedado todo, aparentemente. Terminó su carrera de medicina, y era un activista marxista bien formado. Él, no obstante, notaba un gran vacío en su interior y buscaba llenarlo. Encontró en su casa el Evangelio de San Marcos, de uno de sus abuelos, y comenzó a estudiarlo. Ya no pudo dejarlo. Era una verdad distinta y le llenaba cada vez más. Se acercó a una Iglesia y siguió haciéndolo domingo tras domingo, le martilleaba en su interior, me dijo, un interrogante: ¿por qué no llevar este Evangelio a otros que lo desconocen?. Más tarde le llegó como una voz interior: ¿por qué no entregar mi vida y ponerme a disposición de Jesucristo?. Pasó así varios meses y al final descubrió que Dios le llamaba para ser un sacerdote. Dejó todo y emprendió la aventura. Sus sueños hoy son realidad. Es el Padre Silvano.

Es una historia real como tantas otras de quienes escuchan la voz de Dios en su interior y responden con generosidad. Son hombres concretos que “dejándolo todo” siguen a Cristo y se hospedan “en su casa”. Desde aquellos primeros cuatro hermanos pescadores: Simón y Andrés, Santiago y Juan, hasta los cinco Diáconos de nuestra Iglesia de Jaén a quienes ¡ojalá! pueda imponerles pronto mis manos sobre sus cabezas para ordenarles sacerdotes. Se llaman Ildefonso, Juan Pedro, Manuel, Juan y Manuel Luis.

Pero no os he dicho todo del P. Silvano. En su recorrido hasta un “sí” pleno y total a Jesucristo, le acompañaron otros, sobre todo un sacerdote y compañero del Seminario. Gracias a su ayuda, lo tenía muy claro, superó amenazas y hasta cierta persecución por parte de familiares y compañeros. Hoy todos le quieren. Me dijo al despedirnos “en la vida hemos de ser coherentes con la verdad que uno descubre y lo que Dios nos pida”. Rece por mí y nos dimos un abrazo.

Ahora pienso en ti, joven. Sé muy bien que Dios trazó también un plan concreto para tu vida, como para los demás. Quizás no lo sepas ahora. Así suele suceder a todos a ciertas edades jóvenes, pero ¿te has preguntado alguna vez, en serio, por ello? ¿Has escrutado tu interior desde el silencio? Si algún día oyeras el susurro en tu cociencia “sígueme”, como a otros muchos nos pasó, no dudes en dar un primer “sí”, en emprender una aventura nada fácil, pero fascinante. Dios no te dejará, te lo aseguro. ¡Qué grande es ser todo para los demás y sembrador de esperanzas, recorrer caminos y prestar nuestro “yo” a Cristo para seguir repartiendo su Vida y Verdad salvadora!.

Quería con mi carta hacerte pensar unos instantes en el sacerdocio de Cristo y en nuestros sacerdotes. Que supieras que son dieciocho los jóvenes que se preparan para ser sacerdotes en estos momentos. Ellos serán nuestros sacerdotes del futuro, y son pocos.

No eches en saco roto mis preguntas, y apoya, como cristiano católico, la tarea primordial de nuestra Iglesia en Jaén a favor de estas vocaciones especiales. Es compromiso de todos.

Con mi saludo agradecido. Un abrazo en el Señor.

Ramón del Hoyo López
+ Obispo de Jaén
 
© Seminario Diocesano de Jaén. C/ Juan Montilla 1, Apdo. 432. 23002 Jaén
Teléfono: 953230023     Fax: 953233302   e-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla     Aviso Legal